La depresión puede incrementar el riesgo de infarto o ictus en pacientes con enfermedad coronaria. La clave de esta asociación estaría en el hecho de que la primera puede implicar la modificación de la conducta hacia patrones no saludables.
Estos afectarían a la dieta y, sobre todo a la inactividad física, con el consiguiente riesgo para el corazón de estos pacientes. Por este motivo, mediante intervenciones que recuperen en el paciente depresivo con enfermedad coronaria un estilo de vida saludable, con especial énfasis en la actividad física, se podría reducir el riesgo de accidentes cardiovasculares.
Estos afectarían a la dieta y, sobre todo a la inactividad física, con el consiguiente riesgo para el corazón de estos pacientes. Por este motivo, mediante intervenciones que recuperen en el paciente depresivo con enfermedad coronaria un estilo de vida saludable, con especial énfasis en la actividad física, se podría reducir el riesgo de accidentes cardiovasculares.
Riesgo evidente
Ésta es la conclusión más relevante de un estudio llevado a cabo por investigadores de Estados Unidos, Holanda y Alemania cuyo objetivo era determinar por qué la aparición de síntomas depresivos en pacientes con enfermedad coronaria estable se asocia con un aumento del riesgo de desarrollar complicaciones cardiovasculares agudas, como el infarto de miocardio y el ictus cerebral.
De los algo más de 1.000 participantes en el estudio que padecían una enfermedad coronaria estable, un 19,6% tenían síntomas depresivos. En ellos, el riesgo de sufrir complicaciones cardiovasculares como un infarto, ictus cerebral, crisis isquémica (falta de riesgo sanguíneo) transitoria o muerte fue un 50% más elevado en comparación con los participantes sin síntomas depresivos.
Fuente: Journal of the American Medical Association
La depresión puede llevar a la inactividad física.
De los algo más de 1.000 participantes en el estudio que padecían una enfermedad coronaria estable, un 19,6% tenían síntomas depresivos. En ellos, el riesgo de sufrir complicaciones cardiovasculares como un infarto, ictus cerebral, crisis isquémica (falta de riesgo sanguíneo) transitoria o muerte fue un 50% más elevado en comparación con los participantes sin síntomas depresivos.
Fuente: Journal of the American Medical Association




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