Lo oncogenes, que pueden dar lugar a un cáncer, se hallan en determinados virus así como en células de animales y seres humanos. La hipótesis que sostiene que la carcinogénesis (entendida como la evolución desde una célula normal a una célula cancerosa invasiva) es un proceso de múltiples etapas en las que se producen secuencialmente modificaciones de los genes, ha sido elaborada a partir del descubrimiento del papel que en la transformación de células normales en células neoplásicas desempeñan los oncogenes y los genes supresores de tumores, que son genes que han sufrido una mutación.
Los oncogenes (de "oncos", "tumor") fueron descubiertos formando parte del genoma de aquellos virus que causan cáncer en animales, y por esta razón se les denominó oncogenes virales.
Pronto se comprobó que el genoma normal de los animales y del ser humano contiene genes con secuencias homólogas a las de los genes hallados en los virus; a estos genes hallados en las células de los mamíferos, incluído el ser humano, se los denominó oncogenes celulares.
Hoy sabemos que cuando se produce una mutación puntual a nivel del ADN de un proto-oncogen (así se denomina a un gen celular normal que codifica información para la síntesis de proteínas esenciales para el desarrollo del ciclo celular), éste es activado y transformado en un oncogén, es decir, un gen que juega un papel dominante en el desarrollo de un cáncer, a partir del momento en que es capaz de codificar información para la síntesis de proteínas mutantes, calificadas de oncoproteinas.
Una alteración en sólo una de las dos copias (denominadas "alelos") de un gen (proto-oncogén) es suficiente para producir el efecto mutante, ya que el gen mutado se comporta como dominante sobre el alelo normal.
El oncogén resultante de la activación de un proto-oncogén causa alteraciones en la regulación del ciclo celular a través de las proteínas mutantes que a partir de esa activación codifica e incrementa las probabilidades de una transformación neoplásica.
Por otro lado, los genes supresores de tumores (antes llamados "antioncogenes") están implicados en el proceso de la proliferación celular normal como reguladores negativos. Estos son capaces de frenar el proceso cuando es necesario, mediante las proteínas que codifican el ciclo celular, para dar tiempo a la reparación del ADN dañado.
Una mutación da lugar al oncogén.
Pronto se comprobó que el genoma normal de los animales y del ser humano contiene genes con secuencias homólogas a las de los genes hallados en los virus; a estos genes hallados en las células de los mamíferos, incluído el ser humano, se los denominó oncogenes celulares.
Hoy sabemos que cuando se produce una mutación puntual a nivel del ADN de un proto-oncogen (así se denomina a un gen celular normal que codifica información para la síntesis de proteínas esenciales para el desarrollo del ciclo celular), éste es activado y transformado en un oncogén, es decir, un gen que juega un papel dominante en el desarrollo de un cáncer, a partir del momento en que es capaz de codificar información para la síntesis de proteínas mutantes, calificadas de oncoproteinas.
Una alteración en sólo una de las dos copias (denominadas "alelos") de un gen (proto-oncogén) es suficiente para producir el efecto mutante, ya que el gen mutado se comporta como dominante sobre el alelo normal.
El oncogén resultante de la activación de un proto-oncogén causa alteraciones en la regulación del ciclo celular a través de las proteínas mutantes que a partir de esa activación codifica e incrementa las probabilidades de una transformación neoplásica.
Por otro lado, los genes supresores de tumores (antes llamados "antioncogenes") están implicados en el proceso de la proliferación celular normal como reguladores negativos. Estos son capaces de frenar el proceso cuando es necesario, mediante las proteínas que codifican el ciclo celular, para dar tiempo a la reparación del ADN dañado.
Diferencias entre un oncogén y un supresor de tumores
Desde el punto de vista de su transformación en genes con actividad carcinogénica, los genes supresores de tumores difieren de los oncogenes en los siguientes puntos:
- Las mutaciones carcinogénicas de los genes supresores de tumores son inactivantes, con pérdida de función, mientras que en los oncogenes las mutaciones son activantes, con ganancia de función.
- En los genes supresores de tumores deben ser inactivadas dos copias (alelos) del gen para que produzca la pérdida de función (mutación recesiva), mientras que en los oncogenes basta con la pérdida de un alelo (mutación dominante).
- El origen de la mutación es somático en los oncogenes mientras que en los genes supresores de tumores heredado o somático.
El número de genes, tanto proto-oncogenes como genes supresores de tumores, que han de ser alterados para que una célula se transforme en cancerosa no es conocido, aunque, por ejemplo, en el modelo de cáncer colorrectal se han de producir entre cinco y seis alteraciones genéticas.




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