Varios estudios epidemiológicos aportan evidencias directas de que las dosis recibidas por los órganos explorados mediante una serie de TAC (dos o tres exposiciones y las correspondientes placas) incrementan el riesgo de desarrollar un cáncer. La evidencia es razonablemente convincente para los adultos, y muy convincente para los niños.
Por este motivo, científicos norteamericanos alertan sobre este hecho, ante la creciente utilización de la tomografía axial computorizada (TAC) como tecnología para el diagnóstico mediante imágenes. En Estados Unidos se realizan cada año 62 millones de TAC y de éstas, cuatro millones se practican a niños. Aproximadamente la mitad de las realizadas en adultos se hacen en el cuerpo y un tercio en la cabeza. Sin embargo, el mayor aumento en su uso se ha producido en el diagnóstico pediátrico y en las revisiones de los adultos, una tendencia que podría ir en aumento en los próximos años.
De hecho, afirman que alrededor de un tercio de todas las exploraciones mediante esta técnica no están justificadas por necesidades médicas, con lo que es probable que 20 millones de adultos y más de 1 millón de niños hayan sido irradiados innecesariamente.
Alrededor de un tercio de las exploraciones por TAC no están justificadas por necesidad médica.
De hecho, afirman que alrededor de un tercio de todas las exploraciones mediante esta técnica no están justificadas por necesidades médicas, con lo que es probable que 20 millones de adultos y más de 1 millón de niños hayan sido irradiados innecesariamente.
Pros y contras
Los riesgos derivados de la absorción de radiación ionizante a dosis bajas, a largo plazo, en la inducción de desarrollo de un cáncer existen, y aunque la extensión del uso de esta tecnología representa probablemente el más importante avance en la radiología diagnóstica, no hay que olvidar que utiliza dosis más elevadas de radiación que la radiografía simple, lo que implica un incremento de la exposición de la población a la radiación ionizante.
El incremento del uso de la TAC, y de la consiguiente radiación sobre la población, ha ocurrido al mismo tiempo que han aumentado nuestros conocimientos sobre los efectos carcinogénicos potenciales de las dosis bajas de radiación, de modo particular en los niños.
Estas consideraciones sugieren que los riesgos asociados con esta prueba no son hipotéticos, sino que están basados en medidas directas del exceso de cánceres relacionados con la radiación entre aquellos adultos y niños que, en el pasado, fueron expuestos a radiaciones (supervivientes de bombas atómicas o del accidente nuclear de Chernobil) de la misma intensidad que las dosis utilizadas en las exploraciones con este método.
El incremento del uso de la TAC, y de la consiguiente radiación sobre la población, ha ocurrido al mismo tiempo que han aumentado nuestros conocimientos sobre los efectos carcinogénicos potenciales de las dosis bajas de radiación, de modo particular en los niños.
Estas consideraciones sugieren que los riesgos asociados con esta prueba no son hipotéticos, sino que están basados en medidas directas del exceso de cánceres relacionados con la radiación entre aquellos adultos y niños que, en el pasado, fueron expuestos a radiaciones (supervivientes de bombas atómicas o del accidente nuclear de Chernobil) de la misma intensidad que las dosis utilizadas en las exploraciones con este método.
Radicación y cáncer
Una radiación ionizante, como la de los rayos X, posee la suficiente energía como para sobrepasar la que mantiene a los electrones en órbita alrededor de los átomos y moléculas. En consecuencia, esta radiación aleja a los electrones de sus órbitas y los transforma en iones.
Cuando la radiación ionizante actúa sobre material biológico se crean, por la interacción de los rayos X con las moléculas de agua: estos radicales libres interactúan, a su vez, con el ADN y lo lesionan. Las lesiones del ADN pueden dar lugar a mutaciones, translocaciones de los cromosomas y fusiones de genes, fenómenos que pueden llevar a la inducción de un cáncer.
Cuando la radiación ionizante actúa sobre material biológico se crean, por la interacción de los rayos X con las moléculas de agua: estos radicales libres interactúan, a su vez, con el ADN y lo lesionan. Las lesiones del ADN pueden dar lugar a mutaciones, translocaciones de los cromosomas y fusiones de genes, fenómenos que pueden llevar a la inducción de un cáncer.
Recomendaciones
A la luz de estas consideraciones, y a pesar del hecho de que la mayoría de las exploraciones con TAC se asocian con un cociente muy favorable de la relación beneficio/riesgo, algunas indicaciones y algunos excesos en su uso (sobre todo en lo que se conoce como medicina defensiva), deben ser analizadas críticamente, como su empleo para diagnosticar apendicitis infantiles. Existirían tres vías para reducir la radiación global que recibe la población a partir de la TAC:
- Disminuir la dosis de radiación ionizante en cada paciente.
- Sustituirla, cuando los resultados sean similares, por otras alternativas como la ecografía y la resonancia nuclear magnética. Por ejemplo, utilizar la ecografía en el diagnóstico de la apendicitis aguda en los niños.
- Reducir el número de exploraciones prescritas mediante esta prueba sería una de las medidas más efectivas, ya que cuando está justificada por necesidades médicas, el riesgo asociado es relativamente pequeño en relación con la información diagnóstica obtenida.
Fuente: The New England Journal of Medicine (2007)




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