La violencia en la pareja propicia el uso de castigo físico hacia los hijos. Así se afirma en un estudio publicado en la revista Pediatrics, para el que se contó con la participación de casi 2.000 familias estadounidenses. Los resultados indican que el 65% de los niños de la muestra habían recibido al menos una zurra por parte de alguno de sus padres, o de ambos, en el mes anterior a la obtención de los datos. La cifra, tomada cuando los pequeños tenían 3 años, es elevada si se tienen en cuenta las recomendaciones de la Academia Americana de Pediatría, que desaconseja este método de castigo.
Según los investigadores, se ha prestado mucha atención en estudios previos a los factores de riesgo que pueden llevar al maltrato infantil, pero no tanto a los que conducen al castigo físico. Sin embargo, este tipo de castigo puede dañar la salud mental del niño, la relación con sus padres e incluso fomentar su agresividad.
Por ello, su investigación se ha centrado en examinar la relación entre esta violencia marital y la incidencia de castigo físico hacia los hijos. La conclusión de los autores es que las parejas en que ambos usan violencia de algún tipo contra el otro doblan sus probabilidades de usar castigo físico con sus hijos. Pero incluso en los casos de violencia menor, como conductas controladoras o críticas, también se aumentaba el riesgo.
A la violencia de la pareja como factor de riesgo de este tipo de castigo, se suman otros indicadores a tener en cuenta, como el estrés o depresión de los padres y el consumo habitual de alcohol o drogas. Por último, la investigación señala que la tendencia a usar castigo físico, aún muy extendida e incluso bien vista por algunos padres, es mayor si estos fueron castigados así durante su infancia o si creen que con una zurra obtendrán resultados positivos.
Fuente: Pediatrics
Según los investigadores, se ha prestado mucha atención en estudios previos a los factores de riesgo que pueden llevar al maltrato infantil, pero no tanto a los que conducen al castigo físico. Sin embargo, este tipo de castigo puede dañar la salud mental del niño, la relación con sus padres e incluso fomentar su agresividad.
El estrés o una depresión en los padres también pueden fomentar este tipo de castigo.
A la violencia de la pareja como factor de riesgo de este tipo de castigo, se suman otros indicadores a tener en cuenta, como el estrés o depresión de los padres y el consumo habitual de alcohol o drogas. Por último, la investigación señala que la tendencia a usar castigo físico, aún muy extendida e incluso bien vista por algunos padres, es mayor si estos fueron castigados así durante su infancia o si creen que con una zurra obtendrán resultados positivos.
Fuente: Pediatrics




RSS
Facebook
Twitter
Youtube


Comentarios