En los ancianos, la presión arterial elevada es un potente factor de riesgo en el desarrollo de la demencia de origen vascular, así como en el declive de la función cognitiva.
La hipertensión arterial crónica puede incrementar indirectamente el riesgo de ateroesclerosis, ictus y/o infarto cerebral. Estas dolencias contribuyen a disminuir la función cognitiva y por este motivo, el tratamiento de la hipertensión arterial en los ancianos no sólo disminuye la morbididad y la mortalidad, sino que también mejora la calidad de vida y preserva su salud mental.
Es importante controlar la tensión.
Controlar la tensión
La hipertensión arterial puede afectar directamente al volumen cerebral. Un estudio realizado en Estados Unidos ha demostrado que los pacientes de entre 56 y 84 años que padecen esta enfermedad tienen reducido el volumen de los núcleos del tálamo óptico, y aumentado el volumen del líquido cefalorraquídeo en el cerebelo y en los lóbulos temporales.
Estos datos sugieren que las regiones temporales y occipitales son más vulnerables a la atrofia cerebral, debido a los efectos interactivos entre edad e hipertensión arterial.
Fuente: Geriatrics (enero 2005)
Estos datos sugieren que las regiones temporales y occipitales son más vulnerables a la atrofia cerebral, debido a los efectos interactivos entre edad e hipertensión arterial.
Fuente: Geriatrics (enero 2005)




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