Los cuatro factores de riesgo tradicionales de la enfermedad coronaria (tabaco, diabetes, hipertensión e hipercolesterolemia) se encuentran -contra lo que se creía- en más del 50% de quienes la padecen. Para reducir la frecuencia de la enfermedad coronaria debe potenciarse el control de estos factores mediante modificaciones en el estilo de vida.
En tres artículos y un editorial publicados en el Journal of American Medical Association (JAMA) del 20 de agosto de 2003, se cuestiona de manera convincente la creencia, no bien documentada, de que los cuatro factores de riesgo tradicionales de la enfermedad coronaria (tabaco, diabetes, hipertensión e hipercolesterolemia) sólo serían responsables en el 50% de los individuos que terminan padeciéndola.
Esta creencia (calificada de "mito" en el citado editorial) es la que ha provocado que durante la última década se haya potenciado la búsqueda de nuevos factores de riesgo de la enfermedad coronaria como la proteína C-reactiva, el fibrinógeno, la lipoproteína asociada con la fosfolipasa A2 y la homocisteína, además de los cuatro factores tradicionales.
En dos artículos separados, sus autores examinan datos procedentes de 14 ensayos clínicos aleatorizados (122.458 pacientes) y 3 estudios observacionales (386.915 pacientes). Los investigadores demuestran que del 80% al 90% de los pacientes que desarrollaron una enfermedad coronaria clínicamente significativa, y más del 95% de aquellos que presentaron un accidente coronario fatal, tenían al menos 1 de los cuatro factores de riesgo tradcionales.
En un tercer artículo del mismo número del JAMA, sus autores resumen la experiencia actual sobre el papel de otros factores de riesgo como la proteína C-reactiva, el fibrinógeno, la lipoproteína asociada con la fosfolipasa A2 y la homocisteína.
La conclusión es que la evidencia actual es insuficiente para apoyar la incorporación de estos nuevos factores a los factores de riesgo tradicionales.
Para el editorialista del JAMA que comenta los tres artículos, estos pueden tener una enorme implicación en la búsqueda de objetivos en un gran segmento de la población con riesgo de desarrollar la enfermedad coronaria.
Estos estudios subrayan que para reducir la frecuencia de la enfermedad coronaria los médicos deben intensificar la vigilancia sobre los pacientes con alguno de los cuatro factores tradicionales de riesgo -tabaco, diabetes, hipertensión e hipercolesterolemia- y potenciar los esfuerzos para controlar dichos factores con eficacia, mediante modificaciones en el estilo de vida.
Fuente: JAMA.
La clave para combatir estos factores de riesgo son los cambios en el estilo de vida.
Esta creencia (calificada de "mito" en el citado editorial) es la que ha provocado que durante la última década se haya potenciado la búsqueda de nuevos factores de riesgo de la enfermedad coronaria como la proteína C-reactiva, el fibrinógeno, la lipoproteína asociada con la fosfolipasa A2 y la homocisteína, además de los cuatro factores tradicionales.
En dos artículos separados, sus autores examinan datos procedentes de 14 ensayos clínicos aleatorizados (122.458 pacientes) y 3 estudios observacionales (386.915 pacientes). Los investigadores demuestran que del 80% al 90% de los pacientes que desarrollaron una enfermedad coronaria clínicamente significativa, y más del 95% de aquellos que presentaron un accidente coronario fatal, tenían al menos 1 de los cuatro factores de riesgo tradcionales.
En un tercer artículo del mismo número del JAMA, sus autores resumen la experiencia actual sobre el papel de otros factores de riesgo como la proteína C-reactiva, el fibrinógeno, la lipoproteína asociada con la fosfolipasa A2 y la homocisteína.
La conclusión es que la evidencia actual es insuficiente para apoyar la incorporación de estos nuevos factores a los factores de riesgo tradicionales.
Para el editorialista del JAMA que comenta los tres artículos, estos pueden tener una enorme implicación en la búsqueda de objetivos en un gran segmento de la población con riesgo de desarrollar la enfermedad coronaria.
Estos estudios subrayan que para reducir la frecuencia de la enfermedad coronaria los médicos deben intensificar la vigilancia sobre los pacientes con alguno de los cuatro factores tradicionales de riesgo -tabaco, diabetes, hipertensión e hipercolesterolemia- y potenciar los esfuerzos para controlar dichos factores con eficacia, mediante modificaciones en el estilo de vida.
Fuente: JAMA.




RSS
Facebook
Twitter
Youtube


Comentarios