¿Conviene reducir la sal de la dieta cuando la presión es normal?

Según un reciente estudio la dieta baja en sodio solo es efectiva en los hipertensos
Autor/es: Cristóbal Pera
Actualizado el 16/11/2011
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Hipertensión Sal
 
La dieta baja en sodio desciende la presión arterial en los hipertensos, pero sus efectos colaterales casi anularían su valor profiláctico en los normotensos, según concluye un provocador informe danés.

La revisión, publicada en la revista American Journal of Hypertension y en la Cochrane Library ha sido realizada por miembros de dos hospitales de la Universidad de Copenhagen, coordinados por Niels A. Graudal, tras asumir que “la recomendación de reducir el aporte de sodio en la dieta se basa en sus efectos sobre un solo parámetro (la presión arterial) y en los hipotéticos beneficios sobre la morbididad y mortalidad cardiovascular“. Por ello se propuso contestar a una cuestión que considera aún no resuelta:

¿Es efectiva la dieta baja en sodio como una medida profiláctica saludable, tal como se recomienda de modo global?

El aporte de sal de los normotensos debe ser moderado.

La investigación, realizada con la metodología del meta-análisis (un análisis estadístico de ensayos clínicos previos), examina 167 estudios (realizados entre 1950 y 2011, y con una duración de entre 2 y 4 semanas) en los que las personas incluidas, de raza blanca, habían sido sometidas aleatoriamente a dietas bajas o altas en sodio, evaluando en todas ellas no solo la presión arterial, sino otros parámetros también modificables por el consumo de sodio.

Los autores daneses se atreven a recomendar lo siguiente teniendo en cuenta los resultados obtenidos:
  1. En la población blanca con hipertensión arterial – en la que sus análisis ponen de manifiesto que una dieta baja en sodio, comparada con una dieta elevada en sodio, consigue un descenso medio del 3.5%–, conceden que “una reducción del sodio puede ser usada como un tratamiento suplementario de la hipertensión”. En los asiáticos y en los negros los efectos de la reducción del sodio son mayores, aunque hasta ahora se han realizado pocos estudios para sacar conclusiones de estas diferencias.
     
  2. En la población blanca con presión arterial normal la dieta baja en sodio, comparada con la dieta elevada en sodio, desciende la presión arterial en menos de un 1%. Es posible que el incremento concomitante de los niveles plasmáticos de renina y aldosterona (dos sustancias que intervienen en la reabsorción del sodio por parte del riñón) y, en un menor grado de la adrenalina y la noradrenalina (que aumentan en un 2,5%) pueden neutralizar los efectos reductores de la presión de la dieta baja en sodio. Por otro lado, la reducción del sodio da como resultado un incremento del colesterol del 2.5% y del 7% de los triglicéridos.

Y de aquí surge la provocadora recomendación: Debido a los relativamente pequeños efectos de la dieta baja en sodio en la presión arterial de los normotensos, y a la acción antagonista de los efectos colaterales, estos resultados no apoyan que la reducción del sodio en la dieta pueda tener efectos preventivos beneficiosos en la población blanca.

“En mi opinión la gente, por lo general, no debería preocuparse de su ingesta de sal” ha dicho, comentando los resultados, el doctor Graudal. Un comentario que, por otra parte, ha sido bienvenido en el Salt Institute, como ha escrito Caroline Scott-Thomas, en la página web Foodnavigator-usa.com. También en un artículo firmado por Niels A. Graudal, en la EuSalt: The European Salt Producers' Association, la asociación de 21 productores europeos de sal, éste hace un resumen del artículo publicado en The American Journal of Hypertension.

Son recomendaciones, cuanto menos, algo apresuradas y radicalmente contrarias a la política global en cuanto al papel de la sal en la salud. Sobre todo si tenemos en cuenta que la “revisión especial“ concluye con la siguiente razonable advertencia: “serían deseables ensayos clínicos aleatorizados a largo plazo, en los que consten los resultados sobre la mortalidad y la morbididad, para determinar si los beneficios de la reducción del sodio en la dieta superan a los daños. Sin embargo, dado que estos estudios no pueden ser llevados a la práctica, la alternativa podrían ser estudios prospectivos de población, bien diseñados”.

En resumen, en el estado actual de nuestros conocimientos, si es hipertenso siga una dieta baja en sal bajo el control y los consejos de su médico, y si es normotenso tenga cuidado, sin obsesionarse, con el contenido en sal de sus alimentos, para que el aporte en su dieta sea moderado, que siempre es la palabra clave en la cultura de la salud y también, dentro de lo que debe ser una medicina personalizada, consulte con su médico.


Fuente: American Journal of Hypertension

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