Durante una epidemia estacional de gripe pueden producirse mutaciones en el virus que hagan que la vacuna sea menos efectiva de lo esperado. También pueden darse brotes de modo especial en las personas de mayor riesgo, como los ancianos. Por otra parte, si ocurre una pandemia de gripe (el resultado de la extensión de un virus de la gripe ante el cual la mayor parte de la población nunca ha sido expuesta), las existencias de vacuna serían insuficientes.
La producción de las vacunas no se puede llevar a cabo con la prontitud necesaria cuando se trata de detener el progreso de una nueva variante del virus. En estas circunstancias, los medicamentos antivirales juegan un papel muy importante en cualquier plan para erradicar una epidemia de gripe, sobretodo si existe la posibilidad de que el virus se expanda y convierta la epidemia en una pandemia.
La producción de las vacunas no se puede llevar a cabo con la prontitud necesaria cuando se trata de detener el progreso de una nueva variante del virus. En estas circunstancias, los medicamentos antivirales juegan un papel muy importante en cualquier plan para erradicar una epidemia de gripe, sobretodo si existe la posibilidad de que el virus se expanda y convierta la epidemia en una pandemia.
Tipos de medicamentos
Cuatro fármacos están disponibles en la actualidad para el tratamiento o la profilaxis de la gripe, clasificables en dos categorías:
Adamantos (amantadina y rimantadina)
Al notar síntomas de gripe, conviene acudir al médico lo antes posible para tratar el trastorno de forma precoz.
Adamantos (amantadina y rimantadina)
- Interfieren en el proceso durante el cual el virus se desprende de su cubierta en el interior de la célula huésped.
- Sólo son efectivos contra el virus A de la gripe.
- Provocan graves efectos tóxicos y su administración va seguida de la rápida aparición de variantes de virus resistentes a la acción de estos fármacos.
- Estos factores limitan su uso en el tratamiento de la enfermedad, aunque aún tienen un lugar en la planificación de una campaña de profilaxis durante una epidemia.
Inhibidores de la neuraminidasa. Se trata de zanamivir (Relenza®) y oseltamivir (Tamiflu®), que interfieren en el mecanismo de liberación de la progenie del virus de la gripe replicada en el interior de las células, un proceso que bloquea la extensión de la infección dentro del aparato respiratorio. Dado que la replicación del virus de la gripe alcanza su punto máximo entre las 24 y las 72 horas que siguen al comienzo de la enfermedad, estos medicamentos deben ser administrados tan pronto como sea posible.
- Sólo deben ser utilizados cuando los síntomas gripales se han presentado dentro de las 48 horas previas, y en el mejor de los casos, debe iniciarse el tratamiento dentro de las 12 horas siguientes al comienzo de los síntomas.
- Causan escasa toxicidad y los virus son mucho menos resistentes a ellos que a los fármacos mencionados anteriormente.
- Son efectivos contra todas las cepas de virus de la gripe, en contraste con los adamantanos, que sólo lo son contra las cepas sensibles del virus A.
Mecanismos de acción
Todos los virus de la gripe presentan en su superficie dos glicoproteínas: una hemaglutinina y una neuraminidasa, que son los antígenos que definen un tipo particular de virus de la gripe. Las variaciones que se producen, a lo largo del tiempo, en estas dos moléculas permiten al virus eludir las respuestas defensivas del organismo humano y, en consecuencia, obligan a reformular la vacuna cada año.
La hemaglutinina es una molécula que se asocia con un receptor celular de ácido siálico y que actúa como mediador de la entrada del virus en el interior de la célula. La neuraminidasa, por su parte, divide el compuesto resultante de la ligazón entre receptor celular de ácido siálico y hemaglutinina, acción con la que los virus quedan liberados y en condiciones de invadir otras células. Sin la acción de la neuraminidasa, la infección quedaría limitada a una sola replicación del virus, lo que sería insuficiente para causar la enfermedad de la gripe.
La hemaglutinina es una molécula que se asocia con un receptor celular de ácido siálico y que actúa como mediador de la entrada del virus en el interior de la célula. La neuraminidasa, por su parte, divide el compuesto resultante de la ligazón entre receptor celular de ácido siálico y hemaglutinina, acción con la que los virus quedan liberados y en condiciones de invadir otras células. Sin la acción de la neuraminidasa, la infección quedaría limitada a una sola replicación del virus, lo que sería insuficiente para causar la enfermedad de la gripe.
Relenza® y Tamiflu®, los más eficaces
El zanamivir (Relenza®), preparado en forma de polvo seco, se administra mediante inhalación oral para hacer llegar el fármaco hasta las vías respiratorias. En general, es bien tolerado por cualquier persona, aunque puede causar tos, broncoespasmo e insuficiencia pulmonar reversible en algunos pacientes.
La estructura química del oseltamivir (Tamiflu®), disponible en cápsulas o en polvo para suspensión líquida, permite su administración por vía oral. Un inicio precoz del tratamiento parece ser el factor determinante de la eficacia de este medicamento antiviral.
Tiene pocos efectos adversos cuando se administra como tratamiento o profilaxis. Entre los más frecuentes están las náuseas, los vómitos y el dolor abdominal. Su gran ventaja frente a los adamantos es que la posibilidad de resistencia es muy poco probable.
Tanto el zanamivir como el oseltamivir pueden ser utilizados en el tratamiento de las infecciones gripales por los virus A y B., pero las existencias actuales de inhibidores de la neuraminidasa son inadecuadas para cualquier estrategia de respuesta ante una pandemia, incluso si la opción tomada fuera tratar tan sólo a los enfermos.
Fuente: New England Journal of Medicine (septiembre 2005)
Es imprescindible que sea el médico quien prescriba el tratamiento farmacológico.
Tiene pocos efectos adversos cuando se administra como tratamiento o profilaxis. Entre los más frecuentes están las náuseas, los vómitos y el dolor abdominal. Su gran ventaja frente a los adamantos es que la posibilidad de resistencia es muy poco probable.
Tanto el zanamivir como el oseltamivir pueden ser utilizados en el tratamiento de las infecciones gripales por los virus A y B., pero las existencias actuales de inhibidores de la neuraminidasa son inadecuadas para cualquier estrategia de respuesta ante una pandemia, incluso si la opción tomada fuera tratar tan sólo a los enfermos.
Fuente: New England Journal of Medicine (septiembre 2005)




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