En una investigación realizada en los departamentos de Pediatría y de Sociología de la Universidad de Minnesota, el objetivo ha sido identificar las relaciones entre múltiples tipos de circunstancias adversas vividas en la infancia y distintos tipos de actos violentos perpetrados en la adolescencia.
El estudio ha sido realizado en un total de 136.549 estudiantes del sexto, noveno y doceavo grado escolar que respondieron a una encuesta realizada en el año 2007 (Minnesota Student Survey) cumplimentada de forma anónima. Se definieron 6 tipos de experiencias adversas vividas en la infancia: abuso físico, abuso sexual por miembros de la familia y otras personas, ser testigos de abusos y problemas familiares, abuso en el seno de la familia del alcohol y uso de drogas.
Los resultados han sido los siguientes:
El estudio ha sido realizado en un total de 136.549 estudiantes del sexto, noveno y doceavo grado escolar que respondieron a una encuesta realizada en el año 2007 (Minnesota Student Survey) cumplimentada de forma anónima. Se definieron 6 tipos de experiencias adversas vividas en la infancia: abuso físico, abuso sexual por miembros de la familia y otras personas, ser testigos de abusos y problemas familiares, abuso en el seno de la familia del alcohol y uso de drogas.
Los resultados han sido los siguientes:
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El 28.9% de los adolescentes encuestados ha informado de, al menos, una experiencia adversa vivida en su infancia.
Una experiencia adversa frecuente en la infancia es el abuso de alcohol por un familiar.
- La experiencia adversa más frecuente fue el abuso del alcohol por un miembro de la familia.
- Cada tipo de experiencia adversa en la infancia se asociaba significativamente con actos de violencia contra otras personas perpetrados en la adolescencia (delincuencia, acoso físico, citas que terminaban en violencia, llevar armas en el ámbito de la escuela) o de violencia aplicada contra sí mismos (automutilación, ideas de suicidio o intento de suicidio).
- Cuando a un tipo de experiencia adversa en la infancia se sumaba otra experiencia, el riesgo de actos violentos en la adolescencia se elevaba del 35% al 144%.
La conclusión de los autores es que las experiencias adversas vividas en la infancia deben ser consideradas como factor de riesgo para los actos de violencia perpetrados durante la adolescencia.
Estos hallazgos deben ser tenidos muy cuenta por la sociedad en general y, de modo especial por los responsables de la política educativa, a la hora de analizar los mecanismos que conducen a la creciente ola de violencia adolescente.
En una infancia que se vive como una experiencia familiar adversa puede estar la clave de muchas conductas adolescentes violentas y, al mismo tiempo, debe ser el objetivo preferente al que deben dirigirse las medidas de prevención.
Fuente: Pediatrics / 8 de abril de 2010
Estos hallazgos deben ser tenidos muy cuenta por la sociedad en general y, de modo especial por los responsables de la política educativa, a la hora de analizar los mecanismos que conducen a la creciente ola de violencia adolescente.
En una infancia que se vive como una experiencia familiar adversa puede estar la clave de muchas conductas adolescentes violentas y, al mismo tiempo, debe ser el objetivo preferente al que deben dirigirse las medidas de prevención.
Fuente: Pediatrics / 8 de abril de 2010




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