Cómo proteger la memoria
Para hacerlo, además de los ejercicios intelectuales mencionados, la alimentación y el consumo de otras sustancias naturales como las plantas medicinales juegan un papel importante.
Alimentos
El fósforo es una de las sustancias nutritivas básicas para el rendimiento intelectual, la memoria y los procesos de aprendizaje. Son ricos en él las hortalizas (especialmente la familia de las coles), los cereales, las legumbres, los frutos secos, los pescados, los mariscos y crustáceos y los huevos. Los pescados azules, además de proveer de fósforo, aportan ácidos grasos omega-3, que forman parte de la membrana de las neuronas.
También es importante incluir en tu dieta alimentos antioxidantes. Cítricos, zanahoria, avena, arroz, frutos secos, uvas, etc. te ayudarán a eliminar los radicales libres, cuyo acúmulo puede intoxicar el cerebro.
El ginseng ayuda a combatir el agotamiento mental.
Plantas y sustancias naturales
Además de con la alimentación, también cuentas con suplementos que pueden ayudarte a proteger tu memoria. Antes de tomarlos consulta con un especialista.
- Lecitina de soja. Es rica en fosfolípidos, unos componentes naturales de las membranas celulares. El más conocido es la fosfatidilcolina, que interviene en la formación y el mantenimiento de los neurotransmisores y tiene una acción importante en las distintas etapas de la memoria y de la actividad mental. Además suministra fósforo orgánico de forma directamente asimilable.
- Levadura de cerveza. Aporta proteínas, vitaminas del grupo B (sobre todo B12), fósforo, potasio, azufre, magnesio y calcio. El calcio y el fósforo aumentan la concentración y permiten la fluidez en la transmisión de información entre las neuronas. El déficit en vitaminas del grupo B, sobre todo de vitamina B12, se relaciona con la pérdida de memoria, la fatiga mental y la confusión.
- Jalea real. Tiene un alto contenido en nutrientes esenciales (que nuestro organismo no puede fabricar, o no en la cantidad que necesitamos, y que deben ser suministrados por la alimentación). Así, aporta proteínas en pequeñas dosis (12-15% de su peso), que contienen todos los aminoácidos esenciales para realizar los procesos metabólicos; hidratos de carbono, que proporcionan energía al organismo y al cerebro; vitaminas, principalmente del complejo B, muy importante en la recuperación de la fatiga y el cansancio físico y mental; minerales como calcio, fósforo, magnesio, potasio, cloro; y oligoelementos, que en cantidades muy pequeñas son indispensables para la vida.
También contiene, en pequeñas proporciones, otras sustancias beneficiosas para el cerebro, como la acetilcolina, que es fundamental para el buen funcionamiento de los neurotransmisores y que, además, está implicada en el proceso de aprendizaje y en otros relacionados con el conocimiento. - Ginkgo biloba. Numerosos estudios clínicos demuestran que el ginkgo mejora las funciones del conocimiento, sobre todo en lo que se refiere a la memoria a corto plazo y a la concentración. También que resulta útil para retrasar el deterioro que se produce por deficiencias en la circulación cerebral en personas mayores.
Debe tenerse en cuenta que el ginkgo puede potenciar el efecto de los medicamentos anticoagulantes y de la aspirina. No debe administrarse en personas epilépticas y debe suspenderse su administración una semana antes de una intervención quirúrgica para evitar sangrados. Tampoco debe utilizarse durante el embarazo y la lactancia. -
Ginseng y eleuterococo. Pertenecen al grupo de plantas llamadas adaptógenas, término un poco indefinido que viene a significar que tienen propiedades que ayudan al organismo a adaptarse a los cambios, sobre todo debido a su acción antioxidante y sobre el sistema inmunitario.
Los huevos son ricos en fósforo, un mineral que cuida tu cerebro.
El ginseng y el eleuterococo, en concreto, están indicados en estados de agotamiento físico, agotamiento mental y astenia (sensación generalizada de debilidad física y psíquica). Estas plantas son sobre todo adecuadas cuando la pérdida de memoria y/o concentración se relaciona con el estrés o el sobreesfuerzo físico o intelectual.
También con esta planta hay que tener precauciones: en dosis elevadas puede provocar trastornos nerviosos o hipertensión, que desaparecen al disminuir las dosis o interrumpir el tratamiento. El ginseng, además, interacciona con ciertos medicamentos antidepresivos (inhibidores de la monoamino-oxidasa), y el eleuterococo puede interaccionar con la digoxina.
Aunque no se han dado problemas en la experimentación animal, debido a la falta de estudios en humanos el ginseng y el eleuterococo no deben usarse durante el embarazo y la lactancia sin supervisión médica. Tampoco deben utilizarse sin el control de un médico si se sigue un tratamiento con anticoagulantes. En diabéticos su consumo debe ser también supervisado por un profesional de la medicina, ya que pueden tener una acción hipoglucemiante (bajar los niveles de glucosa en sangre). Si esto ocurre, sería necesario precisar un ajuste de la medicación antidiabética.
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