Disfunción eréctil

El popular "gatillazo" no es grave ni irreversible, pero sus consecuencias psicológicas suelen ser importantes, y por eso merece la pena saber de qué se trata exactamente, cómo se puede resolver y qué se puede hacer para prevenirlo
Autor/es: Cristóbal Pera
Actualizado el 07/05/2010
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Mecanismo fisiológico de la erección

El mecanismo que conduce a la erección es realmente complejo. En él, se distinguen tres componentes estructurales sobre los que se desarrollan, si todo funciona apropiadamente, las tres fases del proceso:
  1. Un primer componente, asentado en el sistema nervioso central y formado por arcos reflejos que responden a estímulos visuales, auditivos, táctiles, olfativos e imaginativos. Estos, a su vez, generan un "información" que, a través del sistema nervioso periférico, en sus vertientes simpática y parasimpática, llegan al órgano efector o "diana", que es el pene. Las descargas parasimpáticas intervienen en la activación de la erección y, al contrario, las descargas simpáticas propician la relajación.
  2. Un segundo componente, que depende de la actividad del sistema vascular: se llenan de sangre los denominados cuerpos cavernosos del pene, que son un par de cilindros de tejido esponjoso, situados a ambos lados del conducto de la uretra. Cuando el pene está flácido, la sangre que lo irriga no pasa por los cuerpos cavernosos y pasa directamente al sistema venoso. Por el contrario, la erección del pene se produce cuando la sangre se desvía hacia el interior de los cuerpos cavernosos, mediante un sistema de compuertas que, al tiempo que permite el paso de la sangre hacia el interior del tejido esponjoso, no permite que se dirija al sistema venoso.
  3. El mecanismo de erección es complejo: consta de tres fases. Si hay alguna disfunción en alguna de ellas, se produce la impotencia.

    Un tercer componente, con un papel no tan bien precisado, que depende del sistema endocrino, constituido por las glándulas endocrinas, que son las que producen hormonas y las liberan directamente en la sangre (al contrario de lo que ocurre con las glándulas exocrinas). Entre las glándulas endocrinas están la hipófisis, la tiroides, las paratiroides, las glándulas suprarrenales, el ovario y los testículos, la placenta y parte del páncreas, ya que este órgano es, al mismo tiempo, endocrino y exocrino. Sin embargo, la impotencia también está relacionada con el aumento en la sangre de la hormona prolactina (sintetizada y almacenada en el lóbulo anterior de la hipófisis o glándula pituitaria, que estimula la producción de leche tras el parto y la producción de progesterona por el cuerpo amarillo del ovario. En ambos sexos, una excesiva producción de prolactina da lugar a una producción anormal de leche o galactorrea). Por otro lado, aunque la disminución en el suero sanguíneo de los valores de la hormona masculina, la testosterona, rebaja el apetito sexual, la extirpación del testículo (orquiectomía) no causa necesariamente impotencia.
La afectación de cualquiera de estos tres componentes, sobre todo de los dos primeros, puede alterar la compleja y delicada función eréctil, que se desarrolla en tres fases:
  • Excitación sexual ante los estímulos que llegan al cerebro, de origen tanto periférico como central (imaginación).
  • Estímulos conducidos por vía nerviosa hasta el pene y respuesta del sistema vascular que lo irriga. Este proceso culmina con la entrada masiva de sangre en los cuerpos cavernosos, lo que provoca que el pene se endurezca, se alargue y se ensanche progresivamente.
  • Relajación final del sistema vascular del pene que vacía sus cuerpos cavernosos y vuelve al estado de flacidez.

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