Dermatitis atópica

Este trastorno se conoce también como eccema atópico y consiste en una forma de alergia en la que la piel se inflama, provocando un intenso picor
Autor/es: Cristóbal Pera
Actualizado el 08/04/2010
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Dermatitis Piel
 

Síntomas

La dermatitis atópica se caracteriza por intenso picor o prurito, enrojecimiento (eritema) y descamación en áreas bien definidas de la piel, sobre todo en las superficies de flexión de las extremidades.

La cara puede ser afectada, sobre todo en niños pequeños y también en adultos, aunque, en principio, cualquiera zona cutánea puede ser afectada. En la fase aguda del eccema atópico aparecen vesículas (flictenas) que se rompen y pueden formarse costras. En la fase crónica la piel se engruesa y se endurece.

El prurito (picor)
El prurito (picor o comezón) es una sensación muy particular que obliga a rascarse, como sucede cuando nos pica un mosquito. Las vías nerviosas por las que se transmite esta peculiar y muy molesta sensación no han sido aclaradas.

Un importante número de pacientes sufren prurito intenso, casi intratable, ya que resiste a cualquiera medida terapéutica, como sucede en la dermatitis atópica, algunas enfermedades hepáticas, como la cirrosis biliar primaria, la insuficiencia renal crónica y el sida.

Los investigadores han descubierto en el gato un tipo especial de neuronas que son estimuladas selectivamente por la histamina, con lo que abren la vía a la interpretación del prurito humano como una sensación que es transmitida desde la periferia por una vía independiente de la que conduce los estímulos que son sentidos como dolor (Nature neuroscience, enero de 2001).

Las neuronas identificadas en gatos por D. Andrew y A.D. Craig se encuentran en la sustancia gris de la médula espinal en la porción conocida por su forma como cuerno posterior, y allí reciben fibras nerviosas con propiedades similares a las detectadas en el ser humano por los investigadores germanos Schmelz M. y colaboradores (1997), ya que, al ser estimuladas con histamina responden, desde el punto de vista bioeléctrico, en una secuencia y con una velocidad de conducción lenta, análogas a las que tienen lugar cuando se experimenta la sensación de prurito, mientras que no responden a los estímulos mecánicos que provocan dolor.

El picor intenso es uno de los síntomas habituales de este trastorno.

En este sentido, puede decirse que las fibras sensibles a la histamina del gato y del ser humano comparten propiedades. A su vez, las neuronas descubiertas en el cuerno posterior de la médula del gato emiten fibras que se proyectan hacia arriba, hasta alcanzar el núcleo lateral del tálamo. Se trataría, pues, de un sistema independiente a través del cual se produciría el "procesamiento" de los estímulos que integrarían la sensación de prurito.

La forma más simple de explicar la sensación de prurito es admitir la existencia de neuronas específicas para esta sensación, tal como se ha sugerido desde hace casi un siglo. Pero, al no haberse encontrado hasta ahora las presuntas neuronas para el prurito, algunos investigadores asumieron que no existiría una vía independiente y buscaron explicaciones alternativas en las que se aceptaba que el prurito se transmitiría por la misma vía por la que se transmite el dolor, aunque con variaciones en las características de la estimulación de los receptores (en la que la histamina es el estímulo de la sensación de prurito mejor conocido) así como en la conducción del "mensaje".

La existencia de dos vías independientes (una para procesar los estímulos dolorosos o nociceptivos y otra para procesar los estímulos pruriginosos) permite comprender mejor la sensación de prurito.

Es bien sabido cómo los estímulos dolorosos pueden abolir la sensación de prurito y ésta es la explicación del rascado como procedimiento mecánico de alivio. También se sabe que la sensación de prurito inducida por la histamina puede ser potenciada o prolongada si se anula el dolor con un anestésico local como la lidocaína.

Las neuronas sensibles a la histamina, descritas por D. Andrew y A.D. Craig no muestran actividad espontánea, probablemente porque están inhibidas tónicamente por la actividad espontánea de las neuronas de las vías específicas para el dolor (llamadas vías nociceptivas).
La existencia de dos vías independientes (una para procesar el dolor y otra para el picor) permite comprender mejor la sensación de prurito
Esta hipotética inhibición tónica de las neuronas sensibles a la histamina explicaría el prurito provocado por los opiáceos introducidos en el espacio intradural que rodea a la médula espinal, ya que estos opiáceos disminuirían la actividad espontánea de las "neuronas nociceptivas" (las que procesan la sensación de dolor), lo que conduciría a la liberación de la actividad espontánea de las "neuronas del prurito".

Por el contrario, las sustancias antagonistas de los opiáceos, como la naloxona, incrementarían la actividad tónica espontánea de las "neuronas nociceptivas" con lo que recuperarían su capacidad para inhibir la sensación de prurito.

En concordancia con estas ideas, antagonistas de los opiáceos, como la naltrexona, ya han sido utilizados con cierto éxito para aliviar el prurito en de los pacientes con estasis biliar intrahepático (colestasis hepáticas en la cirrosis biliar primaria) y en las enfermedades de la piel como la dermatitis atópica.
 

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