Tratamiento
El tratamiento del cáncer colorrectal con intención curativa consiste en la extirpación quirúrgica de aquel segmento del colon donde se localiza el tumor.
Mientras que en la mayoría de los casos es posible volver a unir los segmentos del colon que quedan, en otros casos no es posible realizar esta unión, denominada anastomosis, y debe crearse una salida artificial para las deposiciones a través de la pared abdominal, denominada colostomía. En ese caso, es necesario llevar una bolsa especial que recoja las heces que salen a través de la colostomía. Ésta puede ser definitiva o, en algunos casos, temporal, para permitir que la parte más inferior del colon o el recto curen después de la intervención quirúrgica y se den unas condiciones más adecuadas para la realización de la anastomosis.
Muchos pacientes con cáncer de colon y recto reciben quimioterapia varias semanas después de la intervención, especialmente en aquellos casos en los que la grasa que rodea el colon y los ganglios linfáticos está invadida por las células cancerosas.
La quimioterapia consiste en la administración de uno o varios medicamentos, generalmente por vía intravenosa, que tienen la capacidad de destruir las células cancerosas que hayan podido quedar tras la cirugía. El objetivo de la quimioterapia administrada después del tratamiento quirúrgico (quimioterapia adyuvante), es prevenir la aparición de recurrencias del tumor tanto en el mismo intestino grueso como en otros órganos.
La radioterapia, tratamiento con rayos-X que destruyen las células cancerosas, también es empleada como tratamiento adyuvante en pacientes con cáncer de recto en los que ha demostrado que puede disminuir la probabilidad de recurrencia local e incluso mejorar la supervivencia.
La radioterapia también puede ser administrada antes de la intervención quirúrgica (se denomina neoadyuvante), sola o en combinación con la quimioterapia, con el fin de disminuir el tamaño del tumor y facilitar su extirpación.
Tanto la quimioterapia como la radioterapia tienen efectos secundarios dado que pueden afectar a otras células del organismo, especialmente células intestinales sanas. Los principales efectos secundarios de la quimioterapia son náuseas, vómitos y diarreas. La radioterapia puede producir también una inflamación del intestino y especialmente del recto, así como de la piel del periné que rodea el ano.
Mientras que en la mayoría de los casos es posible volver a unir los segmentos del colon que quedan, en otros casos no es posible realizar esta unión, denominada anastomosis, y debe crearse una salida artificial para las deposiciones a través de la pared abdominal, denominada colostomía. En ese caso, es necesario llevar una bolsa especial que recoja las heces que salen a través de la colostomía. Ésta puede ser definitiva o, en algunos casos, temporal, para permitir que la parte más inferior del colon o el recto curen después de la intervención quirúrgica y se den unas condiciones más adecuadas para la realización de la anastomosis.
Muchos pacientes con cáncer de colon y recto reciben quimioterapia varias semanas después de la intervención, especialmente en aquellos casos en los que la grasa que rodea el colon y los ganglios linfáticos está invadida por las células cancerosas.
La quimioterapia consiste en la administración de uno o varios medicamentos, generalmente por vía intravenosa, que tienen la capacidad de destruir las células cancerosas que hayan podido quedar tras la cirugía. El objetivo de la quimioterapia administrada después del tratamiento quirúrgico (quimioterapia adyuvante), es prevenir la aparición de recurrencias del tumor tanto en el mismo intestino grueso como en otros órganos.
La radioterapia, tratamiento con rayos-X que destruyen las células cancerosas, también es empleada como tratamiento adyuvante en pacientes con cáncer de recto en los que ha demostrado que puede disminuir la probabilidad de recurrencia local e incluso mejorar la supervivencia.
La radioterapia también puede ser administrada antes de la intervención quirúrgica (se denomina neoadyuvante), sola o en combinación con la quimioterapia, con el fin de disminuir el tamaño del tumor y facilitar su extirpación.
Tanto la quimioterapia como la radioterapia tienen efectos secundarios dado que pueden afectar a otras células del organismo, especialmente células intestinales sanas. Los principales efectos secundarios de la quimioterapia son náuseas, vómitos y diarreas. La radioterapia puede producir también una inflamación del intestino y especialmente del recto, así como de la piel del periné que rodea el ano.




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