Signos
En el examen físico general del paciente se demuestra fiebre no muy elevada (habitualmente menos de 38º C) y taquicardia (aumento de la frecuencia del pulso).
Al explorar manualmente el abdomen se aprecia sensibilidad dolorosa al presionar el cuadrante inferior derecho; en los apéndices inflamados localizados tras el ciego (localización retrocecal) el dolor provocado al presionar el abdomen puede ser mínimo, ya que el apéndice inflamado no irrita el peritoneo parietal.
Lo mismo ocurre cuando el apéndice se encuentra en posición pelviana, posición en la que si se apoya sobre la cara lateral del recto puede inducir una falsa diarrea mucosa.
Si la mano del médico mantiene una presión discreta sobre el cuadrante inferior derecho y la retira bruscamente, suele provocar, en el caso de que se trate de una apendicitis aguda, un dolor vivo, si existe ya inflamación del peritoneo parietal: es el llamado signo del rebote o signo de Blumberg.
Cuando el apéndice inflamado se encuentra en posición retrocecal, apoyado sobre el músculo psoas, al que irrita y contrae, la presión sobre el muslo correspondiente hacia el plano de la mesa de exploración provoca dolor en la fosa ilíaca derecha (es el llamado signo del psoas); con el mismo fundamento, la presión sobre la fosa ilíaca derecha se hace más dolorosa si el paciente eleva, extendida, la extremidad inferior correspondiente.
La palpación cuidadosa de la pared abdominal descubre, al principio de la evolución de la apendicitis aguda, una contracción muscular voluntaria del paciente (conocida como defensa muscular voluntaria) con la que trata de evitar el dolor que le causa la presión de la mano del médico hacia la profundidad. Si existe ya una perforación del apéndice con peritonitis local o difusa, la contractura muscular no es voluntaria sino producto de un reflejo que el paciente no controla (contractura muscular refleja).
Al explorar manualmente el abdomen se aprecia sensibilidad dolorosa al presionar el cuadrante inferior derecho; en los apéndices inflamados localizados tras el ciego (localización retrocecal) el dolor provocado al presionar el abdomen puede ser mínimo, ya que el apéndice inflamado no irrita el peritoneo parietal.
Lo mismo ocurre cuando el apéndice se encuentra en posición pelviana, posición en la que si se apoya sobre la cara lateral del recto puede inducir una falsa diarrea mucosa.
Si la mano del médico mantiene una presión discreta sobre el cuadrante inferior derecho y la retira bruscamente, suele provocar, en el caso de que se trate de una apendicitis aguda, un dolor vivo, si existe ya inflamación del peritoneo parietal: es el llamado signo del rebote o signo de Blumberg.
Cuando el apéndice inflamado se encuentra en posición retrocecal, apoyado sobre el músculo psoas, al que irrita y contrae, la presión sobre el muslo correspondiente hacia el plano de la mesa de exploración provoca dolor en la fosa ilíaca derecha (es el llamado signo del psoas); con el mismo fundamento, la presión sobre la fosa ilíaca derecha se hace más dolorosa si el paciente eleva, extendida, la extremidad inferior correspondiente.
La exploración manual es una herramienta de diagnóstico básica.
La palpación cuidadosa de la pared abdominal descubre, al principio de la evolución de la apendicitis aguda, una contracción muscular voluntaria del paciente (conocida como defensa muscular voluntaria) con la que trata de evitar el dolor que le causa la presión de la mano del médico hacia la profundidad. Si existe ya una perforación del apéndice con peritonitis local o difusa, la contractura muscular no es voluntaria sino producto de un reflejo que el paciente no controla (contractura muscular refleja).




RSS
Facebook
Twitter
Youtube


Comentarios