Efectos del ejercicio cardiovascular
El eterno objetivo de nuestras sociedades se vuelve a poner encima de la mesa: queremos perder peso, y más cuando comienza el buen tiempo. Y entramos de nuevo en la rueda de las promesas. “Este año sí. Me he comprado la ropa, las zapatillas, me he cambiado de gimnasio porque al otro no iba y, por fin, ¡voy a adelgazar!”. Con pensarlo ya nos notamos más ligeros, nos bombea el corazón, ¿estaremos quemando calorías sólo de imaginárnoslo?
La verdad es que un trabajo mental intenso aumenta la combustión de calorías, pero no tanto como para quemar grasa. Para conseguir nuestro peso ideal hay que ponerse manos a la obra: el ejercicio cardiovascular nos ayudará a lograr nuestro objetivo.
Las actividades cardiovasculares, o aeróbicas, incluyen cualquier tipo de ejercicio que se practique a niveles de intensidad moderados durante largos periodos de tiempo. En este tipo de trabajo se usa el oxígeno para quemar grasas y azúcar. De hecho la palabra aeróbico hace referencia al uso de oxígeno en los procesos de generación de energía de los músculos.
El organismo utiliza una gran cantidad de oxígeno como combustible, produciendo adenosín trifosfato (ATP), principal transportador de energía para todas las células. Inicialmente, durante el ejercicio aeróbico, el glucógeno se rompe para producir glucosa. Sin embargo, cuando éste escasea, la grasa empieza a descomponerse.
El trabajo aeróbico utiliza glucógeno durante los primeros 30 minutos, a partir de ahí usará grasas y glucógeno en partes iguales. Para alcanzar consumos calóricos elevados mediante el trabajo aeróbico hay que desarrollar una intensidad suficiente (más del 70% de nuestra frecuencia cardiaca máxima, un valor que te explicaremos cómo calcular) a partir de al menos media hora de establecer las bases de un trabajo aeróbico eficaz y seguro.
La verdad es que un trabajo mental intenso aumenta la combustión de calorías, pero no tanto como para quemar grasa. Para conseguir nuestro peso ideal hay que ponerse manos a la obra: el ejercicio cardiovascular nos ayudará a lograr nuestro objetivo.
Para quemar grasa con ejercicio aeróbico hay que trabajar a una intensidad suficiente.
El organismo utiliza una gran cantidad de oxígeno como combustible, produciendo adenosín trifosfato (ATP), principal transportador de energía para todas las células. Inicialmente, durante el ejercicio aeróbico, el glucógeno se rompe para producir glucosa. Sin embargo, cuando éste escasea, la grasa empieza a descomponerse.
El trabajo aeróbico utiliza glucógeno durante los primeros 30 minutos, a partir de ahí usará grasas y glucógeno en partes iguales. Para alcanzar consumos calóricos elevados mediante el trabajo aeróbico hay que desarrollar una intensidad suficiente (más del 70% de nuestra frecuencia cardiaca máxima, un valor que te explicaremos cómo calcular) a partir de al menos media hora de establecer las bases de un trabajo aeróbico eficaz y seguro.
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