Ejercicio y tejido óseo
La actividad física tiene una incidencia directa sobre el tejido óseo, a través de las tensiones provocadas en los huesos mientras se practica. La acción de las cargas provoca una reorientación de las trabéculas (que son unidades estructurales del tejido óseo esponjoso) para adaptar su masa y su arquitectura en relación a la dirección de las cargas.
Interesa inducir a la formación ósea, y eso se consigue cuando el hueso se hipertrofia.
La formación y reabsorción ósea están controladas por dos mecanismos interactivos: el sistema hormonal y las cargas mecánicas. En ausencia de carga mecánica el hueso se atrofia, mientras que en presencia de carga mecánica el hueso se hipertrofia. Esto es lo que interesa, inducir a la formación ósea.




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