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01. Fósforo: presente en gran parte de nuestros tejidos
En la sangre, en los huesos, en los nervios, incluso en el ADN... el fósforo forma parte de la mayoría de elementos de nuestro organismo. Para asegurarte un aporte correcto no dejes de tomar alimentos como el marisco (sobre todo bogavante y gambas), la leche y sus derivados, las patatas, las cebollas, los espárragos, las alcachofas, los plátanos y las nueces.
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02. Calcio: fundamental para tus huesos
Conocido sobre todo porque cuida la salud de los huesos, el calcio tiene otras funciones: favorece la transmisión de los impulsos nerviosos y ayuda a que los músculos estén en forma. La leche y los derivados lácteos son sus fuentes más importantes, seguidas de los cereales, las legumbres y los pescados que se comen con espinas (como las sardinas en conserva).
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03. Hierro: defensas más fuertes
Gracias al hierro nuestro organismo puede distribuir el oxígeno por todas sus células. Pero aquí no se acaban sus funciones: también es fundamental para mantener las defensas en perfecto estado y para el funcionamiento de las neuronas. Lo encontrarás en las carnes (bovina, ovina y de pollo), pescados, cereales, legumbres, frutas y nueces.
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04. Potasio: aliado de tu sistema nervioso
El potasio tiene un papel destacado en la transmisión de los impulsos nerviosos y a la hora de regular el nivel de agua del organismo. Un aporte correcto de este mineral, además, protege la salud de nuestros músculos. Está presente especialmente en las patatas, zanahorias, alcachofas, espárragos, espinacas, fruta fresca, nueces y cereales.
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05. Magnesio: protege tu salud cardiovascular
Una dieta con un aporte adecuado de magnesio contribuye a que el corazón funcione correctamente. También ayuda a que los impulsos nerviosos de las neuronas sean bien recibidos por los músculos. Lo encontrarás en los cereales, pan integral, plátanos, patatas, espinacas y nueces.
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06. Zinc: pieza básica para el metabolismo
El zinc nos ayuda a metabolizar los principales nutrientes de nuestro organismo (hidratos de carbono, grasas y proteínas) y, además, contribuye a que nuestras células se mantengan jóvenes por más tiempo. Sus fuentes principales son la carne (bovina, ovina, de cerdo y de pollo), el pescado (ostras, cangrejos, langostas y gambas), los huevos, los productos lácteos (quesos), los cereales (trigo, arroz) y las legumbres.
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08. Selenio: un potente antioxidante
Gracias al selenio podemos luchar contra el envejecimiento. Lo hace aumentado el número de defensas (glóbulos blancos) en nuestro organismo. Son buenas fuentes de selenio los huevos, la carne de pollo, las ostras, las legumbres y los cereales.
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09. Yodo: el combustible de la glándula tiroides
El yodo es el principal alimento de la glándula tiroides, muy vinculada con el buen funcionamiento de nuestro metabolismo. La leche y sus derivados y, sobre todo, los productos del mar, son ricos en él.
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10. Cromo: muy vinculado a la regulación del azúcar
La función principal del cromo es potenciar la actividad de la insulina (que transforma la glucosa en energía). Un déficit de este mineral, por tanto, puede asociarse al desarrollo de una posible diabetes. Evítalo incluyendo espárragos, setas, ciruelas y uvas en tus menús.




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