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01. Elígelo en el restaurante
Aprovecha cuando sales a comer fuera para pedir, de segundo, un plato de pescado. Disfrutarás de todo su sabor sin tener que ir a comprarlo y prepararlo. Además te ayudará a que tu menú no sea excesivamente pesado, facilitando la digestión.
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02. En el mercado, pide que te lo limpien
Comprar el pescado ya limpio, en filetes, es una estupenda opción para los más escrupulosos. En las pescaderías “de toda la vida” no suelen poner reparos a la hora de limpiar el pescado fresco. Los filetes congelados también son una buena opción.
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03. “Enmascáralo” en croquetas y buñuelos
La textura ligera del pescado le da mucha versatilidad. Desmenúzalo y utilízalo para preparar croquetas, buñuelos, pasteles salados, albóndigas... Es una buena forma de empezar a comerlo y acostumbrar a tu paladar a su sabor.
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04. Palitos de cangrejo y gulas también son pescado
Añade palitos de cangrejo o gulas a tus ensaladas y estarás comiendo pescado casi sin darte cuenta. Ambos productos se elaboran a partir del surimi, una especie de pasta de pescado que conserva gran parte de los nutrientes del producto original.
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05. Conservas: sí, pero con moderación
Tomar conservas de vez en cuando no está mal, pero no debes basar tu consumo de pescado en ellas. Las conservas suelen contener sodio (sal) en abundancia. Y algunas de ellas, como las de atún, también mercurio, que tomado en exceso puede ser nocivo para la salud.




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