Reducir el consumo de carnes rojas y productos cárnicos es muy beneficioso para la salud ya que su consumo se asocia con un incremento modesto de mortalidad global por cáncer y enfermedad cardiovascular, tanto en hombres como en mujeres. Por el contrario, las dietas con aporte elevado de carnes blancas se relacionan con un pequeño descenso de la mortalidad global y de la provocada por el cáncer. Esta es la conclusión básica de un estudio estadounidense.
Consejo médico
Se plantea así un importante interrogante: ¿qué debe hacer el médico de asistencia primaria cuando el paciente expone esta cuestión? ¿Comer o no comer carne roja? Esa sería la cuestión. La respuesta más apropiada es aconsejar el consumo de cantidades pequeñas o moderadas de carne roja y de productos cárnicos, para reducir el riesgo de desarrollar un gran número de enfermedades crónicas.
A pesar de la popularidad de la conocida como dieta de Atkins, que favorece el consumo elevado de proteínas, con la carne roja (cordero, ternera) como fuente principal, éstas pueden conseguirse en alimentos más aconsejables como la carne de pollo, pavo o conejo; el pescado y las legumbres.
A pesar de la popularidad de la conocida como dieta de Atkins, que favorece el consumo elevado de proteínas, con la carne roja (cordero, ternera) como fuente principal, éstas pueden conseguirse en alimentos más aconsejables como la carne de pollo, pavo o conejo; el pescado y las legumbres.
Incrementos significativos
El objetivo del estudio era determinar las relaciones entre el consumo en la dieta de carne roja, carne blanca y productos cárnicos por un lado, y el riesgo de mortalidad total y de mortalidad debida a causas específicas, por el otro.
En el primer caso, se observó un incremento de la mortalidad global debida a cáncer y a enfermedad cardiovascular, así como a otras causas de muerte, tanto en hombres como en mujeres. Los mayores niveles de consumo de carne roja se asociaban con la mayor mortalidad.
Con respecto a la carne blanca, se halló una asociación inversa entre su consumo y la mortalidad: a mayor consumo, menos muertes. En contraste, se demostró un pequeño incremento de mortalidad de causa cardiovascular.
En cuanto a los productos cárnicos (carnes procesadas), se demostró un aumento de mortalidad global, por cáncer, por enfermedad cardiovascular y por otras causas, asociado a su mayor consumo en la dieta.
La investigación, de carácter prospectivo, se hizo sobre una población de medio millón de personas con edades entre 50 y 71 años al inicio del estudio. Se evaluó el aporte de carne en la dieta, roja o blanca y de productos cárnicos, así como otras muchas variables (edad, educación, estado civil, historia familiar de cáncer, raza, índice de masa corporal, hábito de fumar, actividad física, aporte energético, consumo de alcohol, consumo de frutas, vegetales y suplementos vitamínicos). Como resultados finales del seguimiento prospectivo se valoraron la mortalidad global y la mortalidad debida a cáncer, enfermedad cardiovascular, traumatismos y muertes súbitas, entre otras causas.
Fuente: Archives of Internal Medicine (marzo 2009)
Por su bajo contenido graso, las carnes blancas (pollo, pavo y conejo) son más saludables que las rojas (ternera y cordero).
Con respecto a la carne blanca, se halló una asociación inversa entre su consumo y la mortalidad: a mayor consumo, menos muertes. En contraste, se demostró un pequeño incremento de mortalidad de causa cardiovascular.
En cuanto a los productos cárnicos (carnes procesadas), se demostró un aumento de mortalidad global, por cáncer, por enfermedad cardiovascular y por otras causas, asociado a su mayor consumo en la dieta.
La investigación, de carácter prospectivo, se hizo sobre una población de medio millón de personas con edades entre 50 y 71 años al inicio del estudio. Se evaluó el aporte de carne en la dieta, roja o blanca y de productos cárnicos, así como otras muchas variables (edad, educación, estado civil, historia familiar de cáncer, raza, índice de masa corporal, hábito de fumar, actividad física, aporte energético, consumo de alcohol, consumo de frutas, vegetales y suplementos vitamínicos). Como resultados finales del seguimiento prospectivo se valoraron la mortalidad global y la mortalidad debida a cáncer, enfermedad cardiovascular, traumatismos y muertes súbitas, entre otras causas.
Fuente: Archives of Internal Medicine (marzo 2009)




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