La escuela, un buen lugar para aprender a comer sano

Te mostramos cómo trabajan los colegios para educar el paladar de los niños
Autor/es: Eva Mimbrero
Actualizado el 10/03/2011
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Niños Comer sano
 
Adquirir buenos hábitos desde la infancia ayuda, y mucho, a evitar el sobrepeso en los más pequeños y a que nuestro estilo de vida sea más saludable en la edad adulta. ¿Pero qué hacen exactamente las escuelas para que los niños coman bien? Seguir las recomendaciones de los Ministerios de Sanidad y Educación es el primer paso, pero algunos colegios van más allá.

El centro Can Manent, en Cardedeu, es uno de los muchos ejemplos de escuela comprometida con la alimentación saludable que podemos encontrar en nuestro país. Desde hace varios años los escolares comparten su desayuno, en el que la fruta fresca es la principal protagonista.

Alumnos de la escuela Can Manent disfrutando de su desayuno comunitario. Imagen: Can Manent

“Cada alumno de la escuela trae una pieza de fruta fresca o un puñado de frutos secos para desayunar. Con la ayuda de familiares, niños y adultos lavamos la fruta, la pelamos, la troceamos y la distribuimos en cuencos. A media mañana cada aula tiene a punto una macedonia. Los niños se sirven y lo complementan con zumo de naranja y frutos secos”, nos explica Maria Sallés, jefa de estudios del centro. Gracias a esta medida “los niños de la escuela viven con naturalidad el hecho de desayunar fruta, disfrutan de ella tanto como con cualquier otro alimento”, remarca la educadora.

Pero esto no quiere decir que no tengan su propio criterio: “los niños, al igual que nosotros, tienen gustos diferentes y cuando se sirven fruta eligen aquello que prefieren y evitan lo que no les gusta. Aunque también nos hemos dado cuenta de que, si ven que sus compañeros están comiendo una fruta que ellos no han probado nunca, se crea una curiosidad para saber cual será su sabor”, afirma Sallés.

Iniciativas estatales y europeas
El proyecto de Can Manent muestra cómo pequeñas iniciativas pueden hacer mucho por fomentar los buenos hábitos alimentarios de los pequeños. Si a esto le sumamos el esfuerzo de gobiernos y organizaciones a nivel estatal o europeo, el beneficio es aún mayor.

Volvamos al ejemplo de esta escuela: además de seguir con sus desayunos, este año Can Manent se ha sumado, al igual que han hecho otros colegios de nuestro país, al Plan de Consumo de Fruta en las Escuelas. Gracias a esta iniciativa conjunta de la Unión Europea, el Ministerio de Medio Ambiente y las comunidades autónomas los colegios inscritos reciben mensualmente fruta de temporada para repartirla entre sus alumnos de primaria. “Con esta campaña hemos reforzado y avalado el desayuno comunitario que ya hacíamos”, sostiene Núria Freixas, secretaria del centro.

El programa Food Dudes es otro buen ejemplo de cómo iniciativas a nivel europeo pueden contribuir a que los niños coman mejor, en este caso dándoles una pequeña recompensa cada vez que vuelven a probar frutas y verduras con las que se muestran reticentes. “A medida que van apreciando el sabor de estos alimentos aumentan las probabilidades de que los coman simplemente por su sabor, sin tener en cuenta recompensas externas”, apuntan los creadores de esta iniciativa en su página web.

Verdura y pescado, los más conflictivos
¿Pero qué se puede hacer desde las escuelas si, pese a estas buenas iniciativas, los niños siguen sin querer comer determinados alimentos? Lorena Medel, coordinadora pedagógica de comedores escolares de la Fundación Pere Tarrés nos lo explica: “Si son pequeños intentamos convencerlos de la importancia de comer de todo para que crezcan fuertes y no se resfríen, pero este argumento no sirve para los mayores porque ya lo saben. Con ellos intentamos negociar y, si hacen el esfuerzo, a veces les permitimos dejar una pequeña cantidad, aunque la norma es que se acaben el plato”.

Lorena Medel sirviendo el menú en un comedor. Imagen: Fundación Pere Tarrés

Respecto a los alimentos más rechazados por los niños, la coordinadora lo tiene claro: “En general lo que menos les gusta es el pescado y la verdura. Por eso agradecemos que a la hora de elaborar el menú esto se tenga en cuenta. Por ejemplo, si un día toca verdura es mejor que de segundo no haya pescado”.

El modelo alimentario que siguen las familias puede influir, sin duda, en la actitud de los niños frente a los alimentos. “Los monitores nos preocupamos mucho por los que comen mal, y cuando les preguntamos qué comen en casa nos responden: 'cosas que nos gustan'. Creo que hoy en día se come peor que hace unos años”, sentencia Medel.

Conclusión: es básico que, además de comer bien en el colegio (algo que parece se está consiguiendo), los niños aprendan buenos hábitos alimentarios también en casa. De ello depende, en gran medida, su salud presente y futura.

Comentarios

avatar-Conchi
Conchi 10/03/2011

K buena inicitiva la de este centro!

avatar-Manuel
Manuel 11/03/2011

a veces los peores somos los padres... y los abuelos!

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