Al parecer, el tipo de vaso sí influye en cuánto alcohol bebemos, pues la tendencia es a echar un 20% más de bebida alcohólica en los vasos cortos y anchos que en los largos y estrechos, ya sean servidos por camareros expertos o no. Son datos de un estudio publicado en la revista British Medical Journal que achaca este hecho a una cuestión de sesgos en la percepción visual.
Para el estudio se contó con dos grupos de personas (86 barmans de Filadelfia y 198 alumnos de un colegio universitario) a los que se indicaba que escanciaran bebidas alcohólicas en vasos cortos y anchos (tumbler o vasos de whisky) antes de hacerlo en vasos largos y estrechos (highball o vaso de tubo). Luego se midió el volumen de alcohol escanciado en ambos tipos de vasos.
En ambos casos, el objetivo propuesto a los participantes fue que llenaran los vasos con el equivalente a “un trago” (sobre unos 44,3 mililitros) y tanto barmans como alumnos escanciaron más bebida en los vasos cortos que en los largos (46,1 ml versus 44,7 ml y 54,6 ml versus 46,4 ml, respectivamente).
El entrenamiento reduce la tendencia a sobrepasar la medida al escanciar el alcohol, aunque no con los vasos cortos y anchos. A pesar de una media de 6 años de experiencia, los barmans escanciaron un 26% más en los vasos cortos y anchos que en los largos y estrechos. Si se presta más atención en el momento de llenar el vaso se reduce el efecto, pero no se elimina.
Las conclusiones de los autores son que para evitar escanciar un volumen en exceso de la bebida alcohólica deben utilizarse los vasos largos y estrechos.
La consecuencia práctica desde el punto de vista médico es que para evitar una estimación a la baja, en los estudios clínicos en los que se obtiene información de los propios pacientes acerca de la cantidad de alcohol que consumen diariamente, debe preguntarse siempre sobre la forma del vaso utilizado.
Esta diferencia en el volumen de alcohol escanciado, según sea la forma del vaso, es el resultado de dos sesgos en la percepción visual: por una parte, la gente generalmente estima que los vasos largos y estrechos contienen más líquido que los vasos cortos y anchos del mismo volumen y, por otra, mientras llenan el vaso dirigen su atención al nivel que alcanza el liquido, insuficientemente compensado por la anchura del vaso.
Este sesgo de la percepción visual, causado por la interacción entre la dimensión vertical y horizontal del vaso, puede conducir a escanciar de manera inconsciente más alcohol en los vasos cortos y anchos y que en los vasos largos y estrechos.
Fuente: British Medical Journal
Para el estudio se contó con dos grupos de personas (86 barmans de Filadelfia y 198 alumnos de un colegio universitario) a los que se indicaba que escanciaran bebidas alcohólicas en vasos cortos y anchos (tumbler o vasos de whisky) antes de hacerlo en vasos largos y estrechos (highball o vaso de tubo). Luego se midió el volumen de alcohol escanciado en ambos tipos de vasos.
Incluso los camareros profesionales escanciaron más alcohol del que pretendían en los vasos cortos.
El entrenamiento reduce la tendencia a sobrepasar la medida al escanciar el alcohol, aunque no con los vasos cortos y anchos. A pesar de una media de 6 años de experiencia, los barmans escanciaron un 26% más en los vasos cortos y anchos que en los largos y estrechos. Si se presta más atención en el momento de llenar el vaso se reduce el efecto, pero no se elimina.
Las conclusiones de los autores son que para evitar escanciar un volumen en exceso de la bebida alcohólica deben utilizarse los vasos largos y estrechos.
La consecuencia práctica desde el punto de vista médico es que para evitar una estimación a la baja, en los estudios clínicos en los que se obtiene información de los propios pacientes acerca de la cantidad de alcohol que consumen diariamente, debe preguntarse siempre sobre la forma del vaso utilizado.
Esta diferencia en el volumen de alcohol escanciado, según sea la forma del vaso, es el resultado de dos sesgos en la percepción visual: por una parte, la gente generalmente estima que los vasos largos y estrechos contienen más líquido que los vasos cortos y anchos del mismo volumen y, por otra, mientras llenan el vaso dirigen su atención al nivel que alcanza el liquido, insuficientemente compensado por la anchura del vaso.
Este sesgo de la percepción visual, causado por la interacción entre la dimensión vertical y horizontal del vaso, puede conducir a escanciar de manera inconsciente más alcohol en los vasos cortos y anchos y que en los vasos largos y estrechos.
Fuente: British Medical Journal




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