La textura, el sabor e incluso las características nutricionales de los alimentos pueden variar mucho en función de cómo se cocinen. Aquí tienes un resumen de los principales tipos de cocción, para que puedas elegir el que más se adapte a tus necesidades. Y recuerda que seguir una dieta de adelgazamiento no significa tener que renunciar al placer de comer bien.
A la hora de clasificar los tipos de cocción se pueden tener en cuenta muchos criterios, desde el valor nutricional a las características gastronómicas que las diferentes técnicas ofrecen. Pero empecemos por lo básico: si el alimento está cocido o no, y qué utensilio se utiliza para elaborarlo.
Innova en la cocina y tus menús serán mucho más variados.
A la hora de clasificar los tipos de cocción se pueden tener en cuenta muchos criterios, desde el valor nutricional a las características gastronómicas que las diferentes técnicas ofrecen. Pero empecemos por lo básico: si el alimento está cocido o no, y qué utensilio se utiliza para elaborarlo.
Los crudos: todo un mundo de posibilidades
En esta clasificación se engloban los alimentos que pueden degustarse sin necesidad de someterlos a un tratamiento térmico.
- Ensaladas: Prepáralas con una gran variedad de ingredientes: verduras, hortalizas, frutas, frutos secos... Son muy recomendables si quieres adelgazar, teniendo siempre en cuenta que el aliño debe ser ligero (por ejemplo, puedes sustituir la clásica vinagreta por zumo de limón).
- Sopas frías: Hazlas con melón, sandía, hortalizas (como el clásico gazpacho o el salmorejo…). Son refrescantes y ligeras, pero debes prestar atención a los “tropezones” que se le añaden, ya que acostumbran a tener un alto contenido energético, como es el caso del pan frito, el jamón o los frutos secos. Hay que disfrutar de ellas… pero con control.
- Encurtidos: Son ideales para darles intensidad y sabor a las ensaladas y sopas frías. Se elaboran añadiendo al alimento elegido (normalmente verduras y hortalizas como por ejemplo los pepinillos, las cebolletas o los ramilletes de coliflor) vinagre y sal. Esto hace que el valor energético sea prácticamente el mismo que si los consumieras en crudo, aunque no conviene abusar de ellos debido a su alto contenido en sodio, que puede favorecer la retención de líquidos.
Alimentos cocidos: del más ligero al más calórico
La mayoría de ingredientes de nuestra cocina necesitan prepararse mediante una fuente de calor (fuego de leña o carbón y electricidad de distintos tipos, inducción, microondas) antes de consumirlos. De entre las diferentes preparaciones destacan:
- Hervidos: Las recetas que se preparan así son fáciles de digerir, seguras desde el punto de vista higiénico (al hervir los alimentos se eliminan posibles gérmenes) y no aportan calorías de más. Buen ejemplo de ello son las sopas, los caldos y los cocidos.
- Asados: Seguro que con esta palabra te vienen a la mente recetas elaboradas al horno. Gracias a este electrodoméstico, que se ideó para transmitir y aprovechar mejor el calor, se llevan a cabo un gran número de platos asados. Ten en cuenta que el calor se aprovecha mucho mejor si se introduce en un envoltorio metálico, como una cazuela o simplemente papel de aluminio, tipo papillote. Pero el horno no es la única manera de cocinar asados: en este grupo se incluyen otras técnicas como la brasa (en la que el fuego caliente directamente el alimento) o la plancha. Es un método apropiado si pretendes perder peso: al cocinarse en su jugo, no se añaden calorías de más.
- Fritos: El resultado es muy sabroso, debido a que los aceites y las grasas potencian los sabores de los alimentos. Eso sí, es importante que los ingredientes se cocinen por completo, porque si la cocción no llega al centro algunas bacterias podrían sobrevivir. Si deseas perder peso este tipo de cocción no es la más recomendable, ya que aumenta notablemente las calorías del plato. Pero… ¿por qué ocurre esto? El procedimiento es muy sencillo: al sumergir los alimentos en aceite, absorben parte de esta grasa y, por lo tanto, acaban conteniendo más calorías que antes de freírse. Y esto se da sobre todo cuanto más troceado está el alimento. Por ejemplo, las patatas chips absorben aproximadamente un 30% más de aceite o grasa que las cortadas a dedos. En cambio, en una carne que no sea magra lo que ocurre al freírla es que su grasa se intercambia por la de la fritura. Por todo esto tienes que ser muy prudente al tomar fritos si deseas adelgazar.
- Mixtos: Son cocciones más elaboradas, que a veces parten de una fritura previa para luego cocinarse en el horno. El “peligro” de esta preparación está en la salsa que se suele desprender: aunque es muy sabrosa, es donde se esconden las calorías de más.
¿Qué utensilio se utiliza?
- Plancha: Si no se le añade aceite (o solo unas gotas) esta preparación no suma calorías, por lo que es muy recomendable desde el punto de vista energético. Y aunque puede dejar el alimento algo soso, puedes contrarrestarlo utilizando hierbas aromáticas.
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Sartén: Si sigues una dieta baja en calorías no es el utensilio más adecuado, debido a que para cocinar los alimentos debe añadirse grasa (aceite, mantequilla…).
Si quieres perder peso, cocinar en una sartén no es lo más adecuado.
- Horno tradicional: Totalmente adecuado si no se añade al alimento principal acompañamientos “peligrosos” (patatas fritas, pimientos del piquillo…).
- Horno a vapor: Ofrece un resultado semejante al hervido desde el punto de vista calórico, pero al no sumergir los alimentos en el agua conserva mejor las vitaminas.
- Horno microondas: Desde el punto de vista calórico es adecuado para cocinar. El resultado es muy similar al de los hornos convencionales.
- Olla a presión: Es un baño de agua y, por tanto, no añade calorías, lo que lo hace adecuado en dietas para perder peso. Además, reduce el tiempo de cocinado respecto a la olla tradicional, por lo que se destruyen menos vitaminas.
- Cocción al vacío: Es poco común encontrarlas en los hogares, aunque sí en algunos restaurantes. Los alimentos se preparan a una temperatura muy inferior a 100 grados, y esto hace que se conserven mejor sus propiedades. Pero esta técnica de cocción también tiene inconvenientes. Los principales, que requiere mucho tiempo de cocinado y que no mata a las bacterias anaerobias (las que viven sin oxígeno). Puedes reducir riesgos manteniendo el alimento en frío hasta su consumo, debido a que las bajas temperaturas, aunque no destruyen estos microorganismos, impiden que se multipliquen.




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Comentarios
Últimamente me he aficionado al wok. Lo utilizo para cocinar salteados: quedan muy buenos y no es necesario usar tanto aceite como en la sartén tradicional.
Realmente la cocina oriental da muchos recursos. Yo de vez en cuando uso el cestillo de mimbre para cocinar al vapor, y aromatizo los platos con hierbas...
La cesta de mimbre también puede utilizarse con el wok, Contxa. Sólo tienes que ponerla encima de la rejilla de metal. Te animo a que lo pruebes!