Cómo hacer que los niños coman en verano

El calor, el cambio de horarios... pueden hacer que dejen el plato casi sin tocar
Autor/es: Josepa Quer | Elena Puente
Actualizado el 20/08/2010
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Acaban las escuelas y llega el calor. Los niños están en casa a la hora de comer o, simplemente, los padres tienen que hacerse cargo de la comida de los pequeños ahora que no hay servicio de comedor escolar. Y todo esto sin descuidar su trabajo habitual.

Los alimentos ricos en agua, como la sandía, no deben faltar en sus menús.

¿Cómo pueden influir estas situaciones en lo que comen y lo que dejan de comer los niños? El exceso de celo paternal llevado al campo de la alimentación, por ejemplo, tiende a obligar a los niños a que coman todo lo que hay en el plato, sin tener en cuenta que el calor puede hacer disminuir el apetito.
 
¿Por qué se tiene menos hambre?
Además del calor, en vacaciones se dan otras situaciones que afectan al apetito tanto de chicos como de mayores. Tenerlas en cuenta hará que no te alarmes antes de tiempo ante la falta de apetito estival.
  • Los horarios de las comidas. El organismo de los niños es poco flexible a los desarreglos horarios que gustan a algunos mayores. Los adultos deben adaptarse a ellos, y no a la inversa. Recuerda que una ingesta cada tres horas es lo adecuado. En todo caso, no debe ser ni de menos de dos horas y media ni de más de tres y media. Darles de comer una comida simple a su hora mejorará de inmediato su apetito.
  • El pica-pica. Dejar descansar el estómago durante el tiempo intermedio de las principales comidas (desayuno, tentempié, almuerzo, merienda y cena) es básico. Lo contrario provoca estrés en el organismo y, como consecuencia, desgana. Si se toma un helado, un refresco u otro producto similar hay que tener en cuenta que no interfiera en el reposo estomacal. Hacerlo a la hora de la merienda como parte de la misma, o al final de una comida principal como motivación, es una buena solución
     
El menú infantil ideal
Cuando se prepara la comida de los niños hay que tener en cuenta que:
  • Para que una comida produzca satisfacción requiere su tiempo. No hay que comer en menos de 20 minutos, ni tampoco estar 40 minutos con el mismo plato delante. Hay que tomarse la hora de la comida con calma y disfrutarla.
  • Tan importante como lo que se come es el ambiente en el que se hace: el clima que envuelve el acto de comer, la sonrisa, una melodía, una compañía agradable y relajante...
  • Los colores de los alimentos cuentan. Ni el plato monocolor de rutina ni el festival de colores que el niño no sabe identificar. Un mínimo de dos y un máximo de cuatro colores en un mismo plato según la edad es lo recomendable.
  • Hay que equilibrar los sólidos y los líquidos. Empezar con sopita puede parecer inadecuado en verano. Sin embargo es una forma rápida de compensar las pérdidas de líquido extra a causa del sudor. Y no olvides que puedes elaborar sopas frías (como por ejemplo la vichyssoise).
  • Los alimentos crujientes son apetecibles y fáciles de transportar. Si crujen es porque están secos. La deshidratación produce desgana y es un pez que se muerde la cola. Por eso al programar una comida hay que combinar alimentos secos con alimentos ricos en agua. Patatas hervidas, verduras y frutas compensan admirablemente los palitos, rebozados, chips y similares. Se puede comer de todo si se combina bien.
  • Si tienes en cuenta los consejos anteriores y la tradición de la alimentación mediterránea alternarás como primeros platos la pasta, el arroz, las verduras y las legumbres. Como segundo, elegirás una ración no abundante de carne, pescado o huevos y, siempre que puedas, fruta de postre.
  • Es justo conocer y respetar las preferencias de los niños. En verano no es recomendable imponer nuevos alimentos. Comer es y debe vivirse como un placer.

Comentarios

avatar-Julia
Julia 20/08/2010

Temblando estoy con la vuelta al cole!

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