Los aztecas lo usaban para bajar la fiebre, para calmar los problemas de estómago o para infundir fuerza a los hombres antes de una conquista militar o sexual. El cacao lleva siglos consumiéndose, y también hace siglos que se le atribuyen toda clase de propiedades que repasa el profesor Philip K Wilson en su artículo “Centuries of seeking chocolate's medicinal benefits” (“Siglos de búsqueda de los beneficios medicinales del chocolate”), publicado en la revista The Lancet.
Quizá porque gusta tanto, o tal vez por los intereses de los fabricantes, o porque realmente existe esa “adicción al chocolate” de la que algunos hablan, se ha dicho de todo de esta sustancia. ¿Pero que hay de cierto en estas propiedades? El cacao empezó a popularizarse en Europa durante el siglo XVII, y no lo hizo precisamente en foma de chocolatina. Por aquel entonces, el cacao se usaba como un componente más en las recetas médicas, tal y como revelan documentos hospitalarios de la época. Durante ese siglo y el posterior, existieron preparados farmacológicos en que el cacao se mezclaba con canela, azafrán, nuez moscada u otros variados ingredientes, dependiendo del efecto que se esperara lograr, para producir preparados “muy nutritivos” y “reconformantes”, según documentos de la época.
La genial idea de mezclarlo con leche no tardó en llegar, y a principios del siglo XVIII se extendió esta forma de consumirlo. Eso sí, la bebida resultante todavía estaba ligada a curiosas propiedades y se vendió bajo eslóganes que la catalogaban como “el alimento prescrito por los doctores”. Con los grandes productores, como Henri Nestlé y Rodolphe Lindt, se mantendría la imagen del chocolate como producto nutritivo y saludable.
Tantos reclamos comerciales proclamando las bondades del chocolate dieron lugar, a finales del siglo XX, a un creciente interés científico por este alimento. Al parecer, el chocolate puede tener propiedades antioxidantes y, en caso del negro, resultar estimulante por sus altas concentraciones de una sustancia llamada teobromina. Aunque no está todo dicho sobre este alimento, queda abierta la controversia sobre cómo pese a sus niveles calóricos, se le atribuye el efecto de retrasar la aterosclerosis, o de estimular el flujo sanguíneo o de bajar la presión sanguínea.
Fuente: “Centuries of seeking chocolate's medicinal benefits”, The Lancet
De producto médico el chocolate ha evolucionado a un dulce habitual.
La genial idea de mezclarlo con leche no tardó en llegar, y a principios del siglo XVIII se extendió esta forma de consumirlo. Eso sí, la bebida resultante todavía estaba ligada a curiosas propiedades y se vendió bajo eslóganes que la catalogaban como “el alimento prescrito por los doctores”. Con los grandes productores, como Henri Nestlé y Rodolphe Lindt, se mantendría la imagen del chocolate como producto nutritivo y saludable.
Tantos reclamos comerciales proclamando las bondades del chocolate dieron lugar, a finales del siglo XX, a un creciente interés científico por este alimento. Al parecer, el chocolate puede tener propiedades antioxidantes y, en caso del negro, resultar estimulante por sus altas concentraciones de una sustancia llamada teobromina. Aunque no está todo dicho sobre este alimento, queda abierta la controversia sobre cómo pese a sus niveles calóricos, se le atribuye el efecto de retrasar la aterosclerosis, o de estimular el flujo sanguíneo o de bajar la presión sanguínea.
Fuente: “Centuries of seeking chocolate's medicinal benefits”, The Lancet




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