Nuestra principal vía de exposición al mercurio es la dieta y, de entre todos los alimentos, el pescado es el que más lo contiene. Sin embargo, los efectos beneficiosos de comer pescado, especialmente los aportados por su contenido en ácidos grasos omega 3 contra la enfermedad coronaria, podrían superar los negativos. Al menos, así se concluye en un estudio publicado en la revista American Journal of Clinical Nutrition, cuyos autores recalcan el poder preventivo del pescado fente al infarto de miocardio, por encima del posible factor de riesgo de ataque al corazón que supone el mercurio.
Para llegar a su conclusión, los investigadores analizaron muestras de sangre de más de 900 hombres y mujeres, observando que aquellos con más nivel de mercurio en sus glóbulos rojos no presentaban un riesgo mayor de enfermedad cardíaca.
¿Esto significa que podemos comer tanto pescado como queramos y de los tipos que deseemos?
El consejo oficial clasifica el pescado como alimento necesario en la dieta, por la calidad de su proteína y su grasa, su excelente proporción de aminoácidos esenciales, la escasa cantidad de grasas saturadas y el buen nivel de ácidos grasos omega 3, en términos de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN).
Para llegar a su conclusión, los investigadores analizaron muestras de sangre de más de 900 hombres y mujeres, observando que aquellos con más nivel de mercurio en sus glóbulos rojos no presentaban un riesgo mayor de enfermedad cardíaca.
¿Esto significa que podemos comer tanto pescado como queramos y de los tipos que deseemos?
El atún es uno de los pescados que puede contener niveles elevados de mercurio.
Moderar el consumo de ciertos pescados
Sin embargo, hay peces que, por ser depredadores, acumulan más mercurio. Entre estos estarían el atún, el pez espada, el emperador o el tiburón.
Según la OCU, que añade a esta lista también la panga, basándose en análisis propios, el consumo de estos pescados debería limitarse en la población general, pero especialmente en las mujeres embarazadas o en periodo de lactancia y en los niños, que son más sensibles a los efectos adversos de este metal pesado.
La AESAN cifra este consumo limitado en una ración semanal, equivalente a 100 g, de estos pescados a la semana, para embarazadas y niños de entre uno y 30 meses [Actualización 30/06/2011: la AESAN ha modificado las recomendaciones de consumo de especies como el atún rojo y el pez espada, desaconsejando su consumo a mujeres embarazadas y bebés].
Otros organismos recuerdan que los jóvenes hasta los 17 años podrían también ser más sensibles al mercurio que los adultos, por encontrarse todavía en una fase de desarrollo cerebral.
Según la OCU, que añade a esta lista también la panga, basándose en análisis propios, el consumo de estos pescados debería limitarse en la población general, pero especialmente en las mujeres embarazadas o en periodo de lactancia y en los niños, que son más sensibles a los efectos adversos de este metal pesado.
La AESAN cifra este consumo limitado en una ración semanal, equivalente a 100 g, de estos pescados a la semana, para embarazadas y niños de entre uno y 30 meses [Actualización 30/06/2011: la AESAN ha modificado las recomendaciones de consumo de especies como el atún rojo y el pez espada, desaconsejando su consumo a mujeres embarazadas y bebés].
Otros organismos recuerdan que los jóvenes hasta los 17 años podrían también ser más sensibles al mercurio que los adultos, por encontrarse todavía en una fase de desarrollo cerebral.
Por tanto, el pescado es un alimento necesario, pero controlar el consumo de ciertos pescados en grupos de riesgo es el modo de garantizar un correcto desarrollo neuronal de los bebés y de prevenir posibles efectos tóxicos de este metal pesado en otros órganos.
Fuentes: AESAN, OCU, American Journal of Clinical Nutrition, UNEP
Fuentes: AESAN, OCU, American Journal of Clinical Nutrition, UNEP




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