Infusión, la forma más popular
Consiste en una extracción acuosa de los principios activos de las plantas. Se prepara calentando el agua hasta que hierva y vertiéndola, una vez retirada del fuego, sobre la planta o mezcla de plantas troceadas o las típicas bolsitas de infusión (que hacen de filtro). A continuación se tapa y se deja reposar, colando luego el líquido o retirando la bolsita antes de tomarla.
Este método es válido para preparar las partes más delicadas de las plantas, como las flores, las hojas, los tallos jóvenes, y también ciertas semillas o frutos, como por ejemplo la manzanilla, la melisa, la flor de malva, la tila y el té verde. Debes tener en cuenta también que todas las plantas aromáticas (el anís, el tomillo, la menta…) deben prepararse de esta forma para evitar que los aceites esenciales que les proporcionan su característico aroma se alteren o se evaporen.
El tiempo de reposo varía de una planta a otra pero generalmente oscila entre tres y cinco minutos. Cuanto más delicada y más finamente cortada esté la planta menos tiempo necesitará. Para los pétalos de las flores, con tres o cuatro minutos puede ser suficiente. En cambio, si hay tallos u hojas un poco duras se pueden necesitar hasta 10 minutos.
En cuanto a la dosificación, generalmente es de entre una y tres cucharaditas de café por taza de agua (de 150 a 200 ml). Cuanto más pequeñas estén cortadas las hojas, o si se trata de frutos diminutos como el anís, menos cucharaditas necesitarás, pues más cabrá en una medida. Por regla general se toman de dos a tres tazas al día.
Cuando se trata de frutos un poco duros, como los del anís o el hinojo, se aconseja ponerlos en un mortero antes de prepararlos y darles unos golpecitos para romperlos. De esta forma cuando se vierta el agua penetrará en el interior de los granos y extraerá más fácilmente sus sustancias activas.
Una vez preparadas, las infusiones no deben conservarse más de 12 horas para evitar la pérdida de sustancias activas y posibles fermentaciones. Lo ideal es prepararlas cada vez que se necesiten. Pueden tomarse calientes o frías, pero si se han elaborado con anterioridad y se quieren volver a calentar, debes poner especial cuidado en que no hiervan.
Este método es válido para preparar las partes más delicadas de las plantas, como las flores, las hojas, los tallos jóvenes, y también ciertas semillas o frutos, como por ejemplo la manzanilla, la melisa, la flor de malva, la tila y el té verde. Debes tener en cuenta también que todas las plantas aromáticas (el anís, el tomillo, la menta…) deben prepararse de esta forma para evitar que los aceites esenciales que les proporcionan su característico aroma se alteren o se evaporen.
No es aconsejable tomar infusiones que se hayan preparado 12 horas antes o más.
En cuanto a la dosificación, generalmente es de entre una y tres cucharaditas de café por taza de agua (de 150 a 200 ml). Cuanto más pequeñas estén cortadas las hojas, o si se trata de frutos diminutos como el anís, menos cucharaditas necesitarás, pues más cabrá en una medida. Por regla general se toman de dos a tres tazas al día.
Cuando se trata de frutos un poco duros, como los del anís o el hinojo, se aconseja ponerlos en un mortero antes de prepararlos y darles unos golpecitos para romperlos. De esta forma cuando se vierta el agua penetrará en el interior de los granos y extraerá más fácilmente sus sustancias activas.
Una vez preparadas, las infusiones no deben conservarse más de 12 horas para evitar la pérdida de sustancias activas y posibles fermentaciones. Lo ideal es prepararlas cada vez que se necesiten. Pueden tomarse calientes o frías, pero si se han elaborado con anterioridad y se quieren volver a calentar, debes poner especial cuidado en que no hiervan.
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Comentarios
Yo soy una apasionada de las infusiones de frutas del bosque. A media tarde sienta de maravilla!
pues el roiboos es una buena opción cuando ya es tarde, que no lleva teína
Es verdad Marga. Yo lo tomo con un toque de ciruela. Buenísimo!